Hay momentos en los que algo termina, pero lo siguiente
todavía no ha comenzado. Sabemos que una
etapa se está cerrando. Sentimos que
algo está cambiando. Incluso intuimos que necesitamos movernos, pero aún no
sabemos hacia dónde.
¿Te ha pasado alguna vez?
A mí estos momentos me interesan especialmente porque
vivimos en una cultura que parece exigirnos respuestas inmediatas. Si algo
termina, enseguida queremos saber qué viene después. Si aparece una dificultad,
queremos resolverla. Si una decisión tarda en llegar, pensamos que estamos
perdiendo el tiempo.
Pero la naturaleza no funciona así.
Entre una estación y otra existe una transición. El fruto no
pasa de estar verde a estar maduro de un día para otro. La semilla necesita
permanecer un tiempo bajo tierra antes de mostrar nada hacia fuera.
La Medicina Tradicional China encontró en la Tierra una
imagen para comprender precisamente esta capacidad de permanecer en medio de la
transformación. Y quizá por eso la Tierra tenga hoy tanto que decirnos.
Cuando todavía no sabemos qué viene después
Solemos relacionar la primavera con el nacimiento, el verano
con la expansión, el otoño con la recogida y el invierno con el descanso. La
Tierra ocupa un lugar diferente. La tradición china la relaciona con el final
del verano, con el tiempo de la maduración, pero también con esos momentos en
los que una estación deja paso a otra.
Me gusta pensarla así: Tierra es el espacio entre lo que
termina y lo que está por empezar. Es un tiempo fértil. Algo está
ocurriendo aunque todavía no podamos verlo.
También nosotros atravesamos muchos de estos tiempos. Un
cambio de trabajo, una pérdida, una decisión importante, el final de una
relación, una recuperación, una mudanza o simplemente esa sensación difícil de
explicar de que una forma de vivir ya no nos sirve.
En esos momentos solemos preguntarnos: ¿Qué tengo que
hacer?.
Tierra me propone otra pregunta: ¿Qué necesita tiempo
para madurar?
Quizá no todo deba resolverse inmediatamente.
Volver al centro
Uno de los textos fundamentales de la Medicina Tradicional
China, el Huangdi Neijing, dice que «el Bazo pertenece a la Tierra y
gobierna el centro».
Pero ¿Qué significa estar en el centro?
Durante mucho tiempo pensé que estar centrado significaba
estar tranquilo, seguro, estable. Ahora lo entiendo de otra manera. Cuando
estamos de pie, nuestro cuerpo no permanece completamente inmóvil. Hace
continuamente pequeños ajustes para conservar el equilibrio. Se adapta al
suelo, redistribuye el peso y responde a cada movimiento.
El equilibrio está vivo. Tal vez nuestro centro también lo
esté.
Volver al centro no significa conseguir que nada cambie.
Significa encontrar un lugar desde el que podamos movernos sin perdernos.
- Podemos estar atravesando incertidumbre y seguir
teniendo suelo.
- Podemos no conocer la respuesta y seguir
respirando.
- Podemos esperar.
- Podemos cambiar.
- Podemos incluso perder momentáneamente el
equilibrio y volver a encontrarlo.
La Tierra no tira de la planta para hacerla crecer. Tampoco
decide la forma exacta que tendrá. Crea las condiciones para que algo pueda
desarrollarse.
- Por eso Kūn me recuerda que recibir también es una forma de
participar.
- Escuchar puede ser una acción.
- Esperar puede ser una acción.
- Acompañar puede ser una acción.
- Y sostener no significa controlarlo todo.
A veces cuidamos tanto algo que terminamos impidiendo que
encuentre su propio camino. Esto puede sucedernos con una persona, con una
relación, con un proyecto e incluso con nosotros mismos.
Tierra invita a acompañar sin forzar.
En la Medicina Tradicional China, Tierra está especialmente
vinculada al Bazo y al Estómago.
Los textos antiguos los comparan con los graneros. La imagen
procede de una sociedad agrícola y resulta muy sencilla de comprender: allí se
recibía la cosecha, se organizaba y se distribuía para alimentar a la
comunidad.
El Estómago recibe. El Bazo participa en la transformación y
distribución de aquello que puede nutrirnos.
No quiero detenerme aquí en la fisiología de la medicina
china, porque eso lo desarrollo con más profundidad en el artículo completo. Me
interesa algo más sencillo: No basta con recibir. También necesitamos
transformar.
Nuestro cuerpo lo hace con los alimentos, pero nuestra vida
está llena de otras cosas que también necesitan ser elaboradas:
- Conversaciones.
- Noticias.
- Decisiones.
- Pérdidas.
- Expectativas.
- Conflictos.
- Preocupaciones.
- Experiencias.
A veces acumulamos tantas que ya no sabemos qué hacer con
ellas. Quizá por eso decimos espontáneamente: Tengo que digerir lo que ha
pasado. Hay experiencias que necesitan tiempo antes de convertirse en
comprensión.
Cuando pensar ya no nos lleva a ninguna parte
Tierra también está relacionada con Yì, una dimensión
que la tradición vincula con el pensamiento, la concentración, la memoria y la
capacidad de elaborar mentalmente la experiencia.
Pensar es necesario. La preocupación también puede ser útil. Nos avisa, nos ayuda
a anticiparnos y nos mueve a ocuparnos de algo.
El problema comienza cuando pensar deja de llevarnos a algún
lugar.
Todos conocemos esa experiencia. Damos vueltas a una
conversación, imaginamos lo que podría ocurrir, regresamos a lo que dijimos,
pensamos qué tendríamos que haber dicho y, al cabo de un rato, descubrimos que
seguimos exactamente en el mismo punto.
Ahí intento hacerme una pregunta:
¿Estoy
comprendiendo algo nuevo o estoy recorriendo otra vez el mismo camino?
Para mí existe una diferencia importante entre reflexionar y
rumiar. La reflexión transforma. La rumiación repite. Y quizá algunas
preocupaciones no necesiten más pensamiento. Quizá necesiten cuerpo, descanso,
una conversación, un paseo o simplemente tiempo.
¿Y si cuidar consistiera también en quitar?
La Medicina Tradicional China relaciona Tierra con la Humedad. Dentro de su propio lenguaje médico, la Humedad tiene un
significado concreto. Pero la imagen me parece también muy sugerente para
pensar nuestra forma de vivir.
La tierra necesita agua para ser fértil. Sin embargo, si
permanece continuamente saturada, encharcada, pierde su capacidad de transformarse.
A veces nuestra vida también parece saturada. Llenamos los
días de actividades, mensajes, noticias, tareas, decisiones, compromisos y
pantallas. Y cuando sentimos que no podemos más, pensamos que quizá necesitamos
añadir una práctica nueva para encontrarnos mejor.
Otra cosa más. Tierra me sugiere la pregunta contraria:
¿Qué
puedo dejar de añadir?
Quizá cuidarnos no consista siempre en hacer más. Tal vez
necesitemos recuperar espacio. Por eso hay una frase de mi artículo que resume
bien lo que quiero expresar:
Cuidar la Tierra
es construir una vida que podamos digerir.
Comer también puede devolvernos al centro
La alimentación forma parte naturalmente de esta mirada. El
dulce se relaciona tradicionalmente con Tierra, pero hablamos del dulzor suave
de los cereales, las raíces, las legumbres o verduras como la calabaza y la
zanahoria.
El mijo ocupa aquí un lugar especial. Es sencillo, cálido y
fácil de incorporar a platos cotidianos. No necesitamos convertir la
alimentación en algo extraordinario.
De hecho, quizá la enseñanza esté precisamente en recuperar
lo sencillo.
Pero hay algo que me interesa todavía más que elegir el
alimento perfecto: cómo comemos.
- Podemos preparar una comida excelente y comerla
mirando el teléfono.
- Podemos conocer todas las propiedades de un
alimento y apenas masticarlo.
- Podemos estar sentados a la mesa y seguir
trabajando mentalmente.
Tierra me invita a volver al gesto básico de alimentarme: Sentarme
con calma. Masticar. Percibir los sabores. Reconocer que estoy comiendo. Dar al
cuerpo tiempo para recibir. Algo tan cotidiano puede convertirse en una pequeña forma de
volver al centro.
Hay cosas que el cuerpo comprende mejor que las palabras
Por eso en el taller Abrazar el Final del Verano no quiero
quedarme únicamente en las ideas. Trabajaremos también con el Chi Kung, la
respiración y la percepción corporal.
- Sentir los pies sobre el suelo cambia la
experiencia de hablar de arraigo.
- Dejar descender el peso cambia nuestra forma de
comprender el centro.
- Explorar movimientos que ascienden y descienden
permite descubrir que la estabilidad no consiste en estar quietos.
Y hacerlo en contacto con la naturaleza tiene algo
especialmente significativo cuando estamos hablando de Tierra. La Tierra deja de ser un concepto. La sentimos bajo nuestros pies.
Abrazar el Final del Verano
Este texto es solo una puerta. Una pequeña invitación a detenernos y mirar de otra manera
algo que todos vivimos: los cambios, las transiciones, aquello que recibimos y
nuestra capacidad para transformarlo.
Si esta mirada te interesa, puedes descargar mi artículo
completo Volver
al centro: comprender el elemento Tierra en la Medicina Tradicional China,
donde profundizo en Bazo, Estómago, Yì, Humedad, alimentación, Qigong y Kūn ☷.
Y el domingo 13 de septiembre, todo esto saldrá del
papel para convertirse en experiencia en Abrazar el Final del Verano.
Quiero que durante unas horas podamos detenernos, movernos,
respirar y explorar qué significa encontrar nuestro centro cuando las cosas
cambian. No necesitas conocer Medicina Tradicional China ni haber practicado Chi Kung. Basta con la curiosidad y las ganas de escuchar un poco más despacio.
Puedes encontrar más información en mi Instagram o en mi
Facebook.
Quizá estés comenzando algo. Quizá estés terminándolo. O quizá te encuentres justo en ese lugar en el que
todavía no sabes qué viene después.
Ese espacio también forma parte del camino.
Y tal vez Tierra venga a recordarnos precisamente esto: el
centro es el lugar desde el que podemos cambiar sin perdernos.