Creo que fue al principio de los años 90 que Lola Poveda, mi maestra en el Sistema Consciente para la Técnica del Movimiento de Fedora Aberastury, compartió con nosotros su trabajo con el I Ching. Desde entonces me ido formando con ella misma y con otras personas, muchos de ellos meros charlatanes y vendedores de su producto.
Mi encuentro con el I Ching supuso el poder contar
con una guía para el momento presente: ante una pregunta, me mostraba qué
energías había. Una respuesta que combinaba dos trigramas de 8, 1 hexagrama de
64, 6 líneas de 384, que podían evolucionar a otras 384 posibilidades. Además, de
los dos trigramas ocultos que conforman el hexagrama nuclear. En cada uno de
los pasos dibuja un mapa del recorrido de la pregunta y de las posibles
respuestas y sus consecuencias, pero teniendo en cuenta que todo se mueve.
Ha sido mi compañero todo momento, especialmente en la toma
de grandes decisiones vitales.
Pero, ¿qué es el I Ching?
El I Ching, o Libro de los Cambios, es uno de
los textos más antiguos y respetados de la cultura china. Durante más de tres
mil años ha acompañado a filósofos, emperadores, terapeutas, artistas y
buscadores espirituales. Aunque actualmente mucha gente lo contempla como un
manual de adivinación o un conjunto de supersticiones, el I Ching se ha
mantenido vivo porque ofrece algo que sigue siendo profundamente humano: una
manera de comprender el movimiento de la vida y el lugar que ocupamos dentro de
él.
Su esencia parte de una idea simple y poderosa: todo está en cambio constante.
Las estaciones, el cuerpo, las emociones, las relaciones,
los proyectos… Nada permanece fijo. El I Ching nos propone observar esos
movimientos como quien mira el clima. No podemos evitar que llueva o que haga
sol, pero sí podemos comprender el tiempo en el que estamos y actuar de forma
más adecuada y consciente. Esa es la base de su sabiduría.
Un espejo del momento presente
Cuando consultamos el I Ching, no buscamos conocer el futuro en sentido literal, sino comprender la cualidad del presente.
Cada situación tiene un “clima” emocional y energético:
momentos que piden avanzar, momentos que piden esperar, momentos de recogida y
momentos de expansión. El libro representa estos estados a través de hexagramas,
figuras compuestas por seis líneas que pueden ser continuas (yang) o partidas
(yin). Cada combinación describe un patrón de movimiento que se reconoce tanto
en la naturaleza como en los procesos humanos.
El hallazgo fundamental es que, al conocer en qué
“hexagrama” está la situación por la que preguntamos, podemos ver con más
claridad lo que antes aparecía como confuso. Muchas veces la vida nos parece
caótica porque no leemos correctamente su ritmo. El I Ching nos ayuda a
discernir ese ritmo, a verlo con distancia y comprensión. Es una herramienta de
claridad y orientación, no de mera predicción.
Un lenguaje simbólico que ilumina procesos
El lenguaje del I Ching es simbólico porque la
naturaleza humana también lo es. Las metáforas, los elementos, los movimientos
del cielo y la tierra permiten describir experiencias internas con una
precisión difícil de lograr con palabras directas. Por ejemplo, un hexagrama
puede hablar de un “retorno”, de “esperar a que llegue el agua”, de “alimentar
lo correcto”, o de “la quietud de la montaña”. Estas imágenes no nos dicen qué
hacer de forma literal, pero abren una comprensión más honda de lo que estamos
viviendo.
Entender un hexagrama es comprender un proceso, no
una orden. Es reconocer una etapa del camino. Y precisamente por eso el I
Ching no impone decisiones: ayuda a que sea la propia persona quien, desde
la nueva claridad, decida por sí misma.
El I Ching es un espejo de los movimientos internos
de la psique. Tal como subrayó Carl Gustav Jung, su eficacia no depende de la
causalidad, sino de la sincronicidad: la coincidencia significativa entre un
estado anímico y la imagen que el oráculo ofrece. Cada hexagrama funciona como
un símbolo vivo que no explica, sino que transforma; no describe un hecho
externo, sino la configuración profunda del momento interior del consultante.
En este sentido, el I Ching se convierte en un instrumento privilegiado
para el proceso de individuación, pues confronta al individuo con aquello que
aún no ha llegado a la conciencia y lo orienta hacia una comprensión más
íntegra. Así, su valor no reside únicamente en la predicción, sino en su
capacidad de abrir un diálogo entre la conciencia y el inconsciente, invitando
a una actitud receptiva, humilde y dispuesta al cambio.
“El hexagrama no dice lo que uno quiere oír, sino
aquello que uno necesita comprender.”
Carl Gustav Jung
El tiempo como maestro: cada proceso tiene su ritmo
Una de las enseñanzas más valiosas del I Ching es que
cada proceso tiene su tiempo. La naturaleza no fuerza su ritmo; simplemente lo
sigue. Las semillas saben cuándo brotar y cuándo esperar. Los ríos fluyen más
rápido o más lento según las estaciones. El ser humano, sin embargo, tiende a
apresurarse, a anticiparse, a exigirse resultados inmediatos.
El libro nos recuerda que la vida se despliega en ciclos y
que reconocerlos nos permite vivir con menos tensión y más autenticidad. Saber
en qué momento del ciclo estamos nos ayuda a actuar en coherencia con nuestras
necesidades reales. Cuando entendemos esto, el ruido interno disminuye. La
mente se aquieta. Y podemos escuchar con más claridad lo que el cuerpo, la
emoción o la intuición llevan tiempo señalando.
Habitar el presente con conciencia es una práctica
transformadora, y el I Ching es una guía privilegiada para ello.
Una herramienta para el autoconocimiento contemporáneo
A pesar de su antigüedad, el I Ching sigue siendo
sorprendentemente actual. Hoy vivimos rodeados de cambios rápidos,
incertidumbre e información constante. En este contexto, el libro se convierte
en una especie de refugio, una brújula que devuelve profundidad y dirección. No
ofrece respuestas fáciles ni consuelos vacíos; invita al autocuidado, a la
reflexión y a la responsabilidad personal.
“El método del I Ching desafía la mente racional porque
no se basa en la causalidad, sino en la configuración de significados.”
Carl Gustav Jung
Muchos terapeutas, filósofos y docentes lo utilizan como complemento para acompañar procesos de crecimiento personal. En lugar de ofrecer diagnósticos, propone miradas. En lugar de juicios, ofrece sabiduría sobre el movimiento natural de la vida. Cada consulta es una oportunidad para vernos mejor y para decidir desde un lugar más consciente.
Una invitación a escucharte
Acercarse al I Ching no requiere conocimientos
previos. Solo pide honestidad y disposición para escucharte sin prisa. Es un
libro que acompaña, que orienta, que suaviza el ruido interno. Un libro que, si
se le permite, abre espacios de claridad emocional, mental y espiritual.
Entender el I Ching es entender que no estamos
perdidos: estamos en un proceso. Y que ese proceso, cuando se ilumina, deja de
ser amenaza para convertirse en camino.
“Es una guía para quien busca tomar decisiones no desde
el ego, sino desde una perspectiva más profunda.”
Carl Gustav Jung
- Jung, C. G. (1960). Foreword. En R. Wilhelm (Ed. y Trad.), The I Ching or Book of Changes (pp. xxi–xxxix). Princeton University Press. (Obra original publicada en 1950)
- Shaughnessy, E. L. (1996). I Ching: The Classic of Changes. Ballantine Books.
- Shaughnessy, E. L. (2014). Unearthing the Changes: Recently Discovered Manuscripts of the Yijing. Columbia University Press.

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