Abrazar el invierno nos recuerda que también somos
naturaleza: tenemos derecho a bajar el ritmo, guardar energía y vivir más hacia
dentro. En la Medicina Tradicional China, el invierno y el Elemento Agua nos
hablan de raíces, silencio y profundidad, y de cómo cuidar esa “batería” interna
que la tradición llama Riñón y Jing, nuestra esencia vital.
El invierno como estación raíz
En la visión clásica china, el invierno es el tiempo en que
la savia desciende, los árboles parecen quietos y la vida se retira hacia lo
invisible; es un tiempo fértil. Esta fase se asocia al Elemento Agua, que
simboliza profundidad, potencial latente, capacidad de esperar sin desgastarse
y una sabiduría silenciosa que no necesita demostrar nada.
Vivir “contra” el invierno (exigiéndonos estar
hiperproductivos, hiperdisponibles y siempre luminosos) agota esa reserva
profunda que la MTC relaciona con los Riñones y el Jing. Vivir “con” el
invierno significa aceptar que hay temporadas para brotar y temporadas para
recogerse, igual que el campo no da frutos todo el año.
Riñón, Jing y miedo: la energía que sostiene tu invierno
Para la Medicina Tradicional China el Riñón es un sistema
energético que guarda nuestra Esencia (Jing), gobierna huesos y médula, se abre
en los oídos, se manifiesta en el cabello y sostiene la voluntad profunda
(Zhi). La energía del riñón es finita, y no la debemos gastar sin medida.
La emoción ligada al Agua es el miedo: un miedo sano
protege, en contraposición, un miedo crónico, difuso, puede dispersar la
energía del Riñón y dejar una sensación de agotamiento existencial, de “no
llego”, de pérdida de dirección. En la tradición, cuando el Jing está fuerte
hay firmeza en los huesos y estabilidad en las rodillas, claridad para sostener
decisiones y una voluntad serena; cuando está debilitado, aparecen cansancio
profundo, inseguridad, rodillas frágiles, cabello sin brillo y una sensación de
raíz tambaleante.
Tres pilares para abrazar el invierno
1. Descansar más y mejor: el descanso como medicina
Desde la MTC, el invierno es el momento del año en el que
más sentido tiene dormir un poco más, acostarse algo antes y reducir la
sobreestimulación nocturna: pantallas, ruido, compromisos sociales que alargan
artificialmente el día. La ciencia del sueño muestra que la falta crónica de
descanso afecta inmunidad, regulación emocional, memoria y metabolismo, lo que
encaja con la idea tradicional de “agotar el Jing” si nunca se respeta la fase
de recogimiento.
Pequeños gestos invernales que marcan una diferencia:
- Crear
un ritual de “anochecer” en casa (luces más bajas, bebidas calientes,
menos conversaciones exigentes) como forma de avisar al cuerpo de que la
energía comienza a descender.
- Defender
espacios de vacío: una tarde sin planes, una mañana sin alarmas, una
caminata lenta en silencio…, considera que es una higiene de tu Agua
interna.
2. Respiración y movimiento que enraízan
La respiración profunda y diafragmática es un puente entre
el Metal (Pulmón) y el Agua (Riñón): al llevar el aire hacia la base del
tronco, se calma el sistema nervioso, desciende el tono de alerta y aparece una
sensación somática de más peso y estabilidad. La imagen al respirar es de
“llenar los Riñones de aire”: usar la respiración como herramienta para
acompañar el movimiento descendente y recogido del invierno.
Una práctica sencilla para cada día:
- Siéntate
o túmbate con la espalda apoyada y las manos en las costillas inferiores o
en el vientre.
- Inhala
por la nariz dejando que el abdomen se expanda suavemente, como si el aire
descendiera hasta la pelvis.
- Exhala
más largo que la inhalación, por la boca o por la nariz, imaginando que
sueltas peso hacia el suelo.
- Permanece
así 5–10 ciclos, observando cómo el cuerpo se vuelve más pesado, más
silencioso, más interno.
Los movimientos invernales son el Chi Kung y las prácticas
lentas: círculos suaves de cadera y pelvis, posturas de enraizamiento con las
rodillas ligeramente flexionadas, secuencias de “llenar y vaciar” el cuerpo con
la respiración y las manos apoyadas en el Dān Tián inferior. Son gestos que dan
mensaje al sistema: “no necesito huir, puedo habitar mi base”.
3. Comer como quien alimenta el Agua
Tu cocina puede ser uno de los grandes aliados del invierno.
La MTC recomienda en esta estación alimentos calientes, de cocciones lentas y
sabores más profundos, que acompañen el movimiento de conservación y calor
interno. La idea es sencilla: menos crudo y frío, más sopas, caldos, guisos y
raíces que aportan energía sostenida y protegen la “chispa” interna.
Alimentos que tonifican el Riñón y cuidan el Agua:
- Legumbres
oscuras (alubias negras…), sésamo negro, nueces, miso, algas, castañas,
mariscos bien cocinados, caldos de huesos largos.
- Verduras
de raíz y de tierra: boniato, calabaza, zanahoria, nabos, setas, cereales
como arroz integral, avena, mijo.
- Especias
templadas en dosis culinarias: jengibre (mejor seco si hace mucho frío),
canela, clavo, anís estrellado, que ayudan a calentar el Yang sin agotar.
Y, al mismo tiempo, vale la pena reducir al mínimo los
extremos: exceso de crudos, bebidas heladas, cenas copiosas y caóticas, alcohol
en grandes cantidades o picos de azúcar que calientan en falso y luego dejan
más vacío.
En Medicina Tradicional China, el invierno invita a
simplificar también la fitoterapia: menos fórmulas complejas, más presencia
cotidiana y consciente de las plantas que ya habitan nuestra cultura. Igual que
proponemos caldos lentos y fuego suave, las infusiones acompañan el descanso,
el calor interno y la capacidad de sostener el miedo sin agotarnos.
Fitoterapia cotidiana de invierno: plantas de aquí para
cuidar tu Agua
Cuando se habla de Riñón, Jing y miedo, muchas personas
piensan automáticamente en fórmulas chinas clásicas. Pero para el autocuidado
general, suele ser más honesto y seguro apoyarse en plantas europeas bien
conocidas, con largo recorrido en la fitoterapia y un perfil de seguridad
amplio cuando se usan en dosis habituales.
1. Plantas que calman el miedo de fondo
En invierno es frecuente que el miedo se presente como una
inquietud permanente: sueño ligero, nudo en el estómago, pensamientos que no
paran cuando la casa por fin se queda en silencio. Aquí, algunas plantas de
nuestra tradición pueden actuar como un “acolchado” suave para el sistema
nervioso:
- Manzanilla:
la infusión clásica de abuelas y noches difíciles. Tiene un efecto sedante
ligero ayuda a relajar cuando el miedo se traduce en tensión abdominal y
nerviosismo difuso.
- Melisa:
una gran aliada cuando la cabeza no se calla y el aparato digestivo
acompaña con espasmos o sensación de “nudo”. Es una planta muy interesante
para ese perfil de persona que “piensa demasiado” y siente el miedo en el
plexo solar.
- Pasiflora:
se usa tradicionalmente en casos de ansiedad leve e insomnio, y puede ser
útil cuando el cuerpo está agotado pero el sistema nervioso sigue en modo
alerta. Es una buena opción para la noche, en combinación con otras
plantas suaves.
- Tila
y espino blanco: resultan especialmente valiosas cuando el miedo o la
inquietud se manifiestan como palpitaciones, opresión en el pecho o
dificultad para “bajar las revoluciones” antes de dormir.
2. Aromáticas templadas: calentar sin quemar
El invierno pide calor, pero no cualquier calor. Igual que
no buscamos un fuego que arrase, sino brasas constantes, las especias y
aromáticas templadas pueden acompañar al Yang sin forzarlo. No “tonifican el
Riñón” en el sentido técnico de la MTC, pero favorecen la digestión, la
circulación suave y la sensación de abrigo interno.
- Tomillo
y romero: compañeros perfectos para guisos, legumbres y verduras de
raíz. Ayudan a que las comidas invernales sean más digestivas y aportan un
punto de vitalidad sin crear la sensación de excitación que dan otros
estimulantes.
- Canela,
clavo y comino: en pequeñas cantidades, son especias que invitan al
calor profundo. Un té especiado, un porridge
de avena con canela o un caldo con clavo y comino no solo cambian el
sabor; también comunican al cuerpo que hay un fuego amable encendido en
casa.
Este tipo de plantas se integran mejor en la cocina que en
cápsulas: se trata de volver a entender la alimentación como una forma de
fitoterapia cotidiana. Cada cucharada de guiso aromatizado es una forma de
hablarle al Agua y decirle: “no estás sola en este frío, hay calor disponible y
constante”.
3. Diuréticas suaves: la prudencia también es medicina
Cuando se habla de Riñones, es tentador recomendar plantas
diuréticas “para limpiar”. Sin embargo, desde una perspectiva honesta y
respetuosa con el cuerpo, es importante no convertir el invierno en una
temporada de purgas. El Agua no necesita que la expulsen a la fuerza, sino que
la acompañen a encontrar su ritmo.
El perejil, por ejemplo, se usa desde hace siglos en la
cocina mediterránea y tiene un efecto diurético suave, además de aportar
minerales y compuestos antioxidantes. Integrarlo en caldos, salsas verdes o
infusiones suaves puede ser una forma natural de apoyar la función renal sin
forzarla.
Otras plantas diuréticas más potentes (como ciertas mezclas
para “drenar” o fórmulas comerciales) no deberían recomendarse de manera
genérica en un artículo divulgativo. Pueden interferir con medicación, alterar
la tensión arterial o no ser adecuadas en patologías renales específicas. Aquí,
la mejor medicina es la prudencia: reservar esas intervenciones para el trabajo
individual con profesionales de la salud y de la MTC.
Escuchar las señales del Agua y hacer menos
Desde la mirada de la MTC, ciertos síntomas —fatiga
profunda, lumbalgia crónica, rodillas inestables, tinnitus, miedo excesivo,
libido baja, cabello sin brillo— pueden ser pistas de que el Elemento Agua y la
esfera del Riñón están pidiendo más descanso, calor y nutrición. No son
diagnósticos biomédicos ni sustituyen una valoración médica, pero ofrecen una
cartografía simbólica para entender por qué el cuerpo “grita” justo cuando tú
intentas ir más rápido.
Abrazar el invierno es permitirse hacer menos: guardar
energía, escuchar el propio miedo sin pelearse con él y preparar desde dentro
la primavera que vendrá. Como el Agua silenciosa que parece quieta mientras en
el fondo todo se reordena, tu sistema necesita esta estación para acumular y
reorganizar; cada noche bien dormida, cada sopa caliente, cada respiración
profunda es una forma de cuidar esa reserva invisible que sostiene todo lo
demás.