jueves, 28 de mayo de 2026

La primavera como regeneración: diálogo entre la Medicina China y la filosofía de la permacultura

 

Cada vez estoy más convencido de que muchas de las crisis físicas, emocionales y sociales que vivimos tienen una raíz común: nos hemos separado de los ritmos de la naturaleza. Vivimos acelerados, hiperestimulados, desconectados de los ciclos estacionales y del funcionamiento real de los ecosistemas. Precisamente por eso siento que tanto la Medicina Tradicional China como la permacultura tienen hoy tanto valor.

He conocido la asociación El Arrendajo (https://elarrendajo.com/), en Valdemorillo (Madrid), y su labor de aplicación real de la permacultura en un terreno que ya se está regenerando él mismo. He quedado impresionado como un grupo de voluntarios, sin ánimo de lucro, se han puesto manos a la obra para aplicar la permacultura en el terreno y en la realidad social que les rodea.

Muchas personas creen que la permacultura consiste únicamente en cultivar un huerto ecológico. Pues no, la permacultura es una filosofía y un sistema de diseño creado inicialmente por Bill Mollison y David Holmgren en los años setenta. La palabra proviene de “permanent agriculture”, aunque con el tiempo evolucionó hacia “permanent culture”, porque sus creadores comprendieron que no puede existir una agricultura sostenible sin una cultura sostenible. La idea central es sencilla: observar cómo funciona la naturaleza y aprender de ella en lugar de luchar contra ella. Los ecosistemas naturales llevan millones de años resolviendo problemas de equilibrio, resiliencia y regeneración. Un bosque no necesita fertilizantes químicos ni instrucciones externas para mantenerse vivo. Todo coopera, todo se recicla y todo encuentra un equilibrio dinámico. La permacultura intenta aplicar esa inteligencia natural a la vida humana: a la alimentación, la agricultura, la arquitectura, las relaciones, la economía y también al cuidado del cuerpo y del equilibrio emocional.

Ante la posibilidad de compartir el taller Abrazar la primavera con el grupo del Arrendajo, he estado pensando las relaciones entre lo que se explica y experimenta en el taller y la permacultura. Pienso en cómo volver a sentir que también nosotros somos naturaleza y que nuestro cuerpo responde a las mismas leyes de transformación, crecimiento y equilibrio que organizan la vida en la Tierra.

Lo que más me interesa de la permacultura es que no busca dominar la naturaleza, busca entender y colaborar con ella. Vivimos en una cultura basada en el control: controlar el tiempo, el cuerpo, la productividad, las emociones, el crecimiento e incluso el descanso. La permacultura propone algo muy distinto: observar antes de intervenir, escuchar antes de imponer y acompañar los procesos naturales en lugar de violentarlos. Cuando leo los textos clásicos de Medicina Tradicional China encuentro exactamente la misma idea. El Huangdi Neijing, uno de los textos fundamentales de la medicina china, insiste constantemente en que la salud depende de vivir en armonía con los ciclos del cielo y de la tierra. La enfermedad aparece cuando dejamos de escuchar esos ritmos y nos alejamos de las dinámicas naturales de expansión, recogimiento, transformación y descanso.

En Medicina Tradicional China, la primavera pertenece al elemento Madera. La energía de esta estación asciende, brota y se expande. Después del recogimiento del invierno, la vida comienza a desplegarse nuevamente. Lo vemos en todas partes: los brotes emergiendo, la savia ascendiendo, el aumento de la luz y el movimiento creciente de animales y plantas. También lo sentimos emocionalmente. Muchas personas en primavera experimentan una necesidad profunda de cambiar cosas, iniciar proyectos, ordenar su vida, limpiar espacios, moverse y salir al exterior. La Medicina China relaciona esta estación con el Hígado y la Vesícula Biliar, órganos vinculados al movimiento del Qi, la creatividad, la visión de futuro y la capacidad de decisión. Y es aquí donde encuentro una relación especialmente interesante con la filosofía de la permacultura.

En MTC decimos que el Hígado tiene la función de asegurar el libre flujo del Qi. Cuando esa energía se bloquea aparecen irritabilidad, frustración, tensión muscular, rigidez física o sensación de bloqueo vital. Si observo un ecosistema sano encuentro exactamente el mismo principio. En un bosque saludable el agua circula, los nutrientes circulan, las especies cooperan y la energía se transforma constantemente. La vida no se estanca. La permacultura entiende que los sistemas rígidos y homogéneos son frágiles y por eso favorece la biodiversidad, la flexibilidad, la adaptación y la cooperación entre elementos distintos. Esta visión se parece muchísimo a la comprensión energética de la Medicina China. Podría decirse, de forma simbólica, que un ecosistema sano posee un “Qi” fluido.

Uno de los grandes temas del elemento Madera es precisamente la flexibilidad. La imagen clásica es la del bambú: capaz de doblarse con el viento sin romperse. Cuando el Hígado está equilibrado existe capacidad de adaptación. Cuando está bloqueado aparece rigidez, tanto física como emocional. Y creo que nuestra cultura actual favorece justamente lo contrario de lo que necesita la primavera: exceso de tensión, hiperplanificación, desconexión corporal, sedentarismo y sobreestimulación mental. Por eso en el taller Abrazar la primavera insisto tanto en mover el cuerpo, ser flexible, caminar, respirar profundamente, estirar costados y tendones, pasar tiempo en espacios verdes y permitir pequeños cambios en la vida cotidiana. La permacultura propone exactamente lo mismo a escala ecológica: crear sistemas vivos capaces de adaptarse sin perder equilibrio.

Hay algo muy bonito que me llegó observando los huertos de Arrendajo: naturaleza no desperdicia nada. Incluso las llamadas “malas hierbas” suelen tener una función regeneradora. Muchas plantas medicinales de primavera, como el diente de león, la ortiga o el llantén, aparecen precisamente en terrenos alterados para ayudar a remineralizar y recuperar el suelo. Esto me parece profundamente simbólico porque también nosotros, después del invierno, necesitamos depurarnos y regenerarnos. Por eso en primavera la Medicina Tradicional China recomienda alimentos verdes, brotes tiernos, sabores ligeramente ácidos, plantas depurativas y más movimiento corporal. Las redes proponen detoxificationes con productos ya elaborados, hacer dietas agresivas o procesos extremos de limpieza. Yo, siguiendo la filosofía de la MTC y de la permacultura, aconsejo acompañar el movimiento natural de la vida de una forma flexible y adaptada a nuestra realidad.

A veces pienso que la verdadera permacultura no empieza en el huerto, sino en el cuerpo. ¿Cómo gestiono mi energía? ¿Cómo descanso? ¿Qué pensamientos cultivo cada día? En permacultura existe una idea muy importante: todo sistema produce aquello para lo que está diseñado. Creo que eso también ocurre con nuestra vida. Si vivimos diseñados para la prisa, produciremos agotamiento. Si vivimos desconectados del cuerpo, aparecerá tensión. Si vivimos separados de la naturaleza, aparecerá vacío. Por eso la primavera me parece una invitación a rediseñarnos y a crear una vida más orgánica, más respirable y coherente con nuestros ritmos biológicos.

Como en la naturaleza en la primavera creo que es bueno permitir que algo vuelva a crecer dentro de nosotros. La primavera nos recuerda que la vida necesita movimiento, que todo lo rígido termina quebrándose y que crecer requiere flexibilidad. Nos recuerda también que la regeneración es posible y que la salud no consiste en controlar la naturaleza, sino en volver a formar parte de ella. Quizá por eso siento que la permacultura y la Medicina Tradicional China dialogan tan bien entre sí: ambas nos recuerdan que no estamos separados de la Tierra, sino que somos una expresión más de sus ciclos.

Rafa Martín Aguilera

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