Cada vez estoy más convencido de que muchas de las crisis
físicas, emocionales y sociales que vivimos tienen una raíz común: nos hemos
separado de los ritmos de la naturaleza. Vivimos acelerados, hiperestimulados,
desconectados de los ciclos estacionales y del funcionamiento real de los
ecosistemas. Precisamente por eso siento que tanto la Medicina Tradicional
China como la permacultura tienen hoy tanto valor.
He conocido la asociación El Arrendajo (https://elarrendajo.com/), en Valdemorillo
(Madrid), y su labor de aplicación real de la permacultura en un terreno que ya
se está regenerando él mismo. He quedado impresionado como un grupo de voluntarios,
sin ánimo de lucro, se han puesto manos a la obra para aplicar la permacultura
en el terreno y en la realidad social que les rodea.
Muchas personas creen que la permacultura consiste
únicamente en cultivar un huerto ecológico. Pues no, la permacultura es una
filosofía y un sistema de diseño creado inicialmente por Bill Mollison y David
Holmgren en los años setenta. La palabra proviene de “permanent agriculture”,
aunque con el tiempo evolucionó hacia “permanent culture”, porque sus creadores
comprendieron que no puede existir una agricultura sostenible sin una cultura
sostenible. La idea central es sencilla: observar cómo funciona la naturaleza y
aprender de ella en lugar de luchar contra ella. Los ecosistemas naturales
llevan millones de años resolviendo problemas de equilibrio, resiliencia y
regeneración. Un bosque no necesita fertilizantes químicos ni instrucciones
externas para mantenerse vivo. Todo coopera, todo se recicla y todo encuentra
un equilibrio dinámico. La permacultura intenta aplicar esa inteligencia
natural a la vida humana: a la alimentación, la agricultura, la arquitectura,
las relaciones, la economía y también al cuidado del cuerpo y del equilibrio
emocional.
Ante la posibilidad de compartir el taller Abrazar la
primavera con el grupo del Arrendajo, he estado pensando las
relaciones entre lo que se explica y experimenta en el taller y la
permacultura. Pienso en cómo volver a sentir que también nosotros somos
naturaleza y que nuestro cuerpo responde a las mismas leyes de transformación,
crecimiento y equilibrio que organizan la vida en la Tierra.
Lo que más me interesa de la permacultura es que no busca
dominar la naturaleza, busca entender y colaborar con ella. Vivimos en una
cultura basada en el control: controlar el tiempo, el cuerpo, la productividad,
las emociones, el crecimiento e incluso el descanso. La permacultura propone
algo muy distinto: observar antes de intervenir, escuchar antes de imponer y
acompañar los procesos naturales en lugar de violentarlos. Cuando leo los
textos clásicos de Medicina Tradicional China encuentro exactamente la misma
idea. El Huangdi Neijing, uno de los textos fundamentales de la medicina
china, insiste constantemente en que la salud depende de vivir en armonía con
los ciclos del cielo y de la tierra. La enfermedad aparece cuando dejamos de
escuchar esos ritmos y nos alejamos de las dinámicas naturales de expansión,
recogimiento, transformación y descanso.
En Medicina Tradicional China, la primavera pertenece al
elemento Madera. La energía de esta estación asciende, brota y se expande.
Después del recogimiento del invierno, la vida comienza a desplegarse
nuevamente. Lo vemos en todas partes: los brotes emergiendo, la savia
ascendiendo, el aumento de la luz y el movimiento creciente de animales y
plantas. También lo sentimos emocionalmente. Muchas personas en primavera
experimentan una necesidad profunda de cambiar cosas, iniciar proyectos,
ordenar su vida, limpiar espacios, moverse y salir al exterior. La Medicina
China relaciona esta estación con el Hígado y la Vesícula Biliar, órganos
vinculados al movimiento del Qi, la creatividad, la visión de futuro y la
capacidad de decisión. Y es aquí donde encuentro una relación especialmente
interesante con la filosofía de la permacultura.
En MTC decimos que el Hígado tiene la función de asegurar el
libre flujo del Qi. Cuando esa energía se bloquea aparecen irritabilidad,
frustración, tensión muscular, rigidez física o sensación de bloqueo vital. Si
observo un ecosistema sano encuentro exactamente el mismo principio. En un
bosque saludable el agua circula, los nutrientes circulan, las especies
cooperan y la energía se transforma constantemente. La vida no se estanca. La
permacultura entiende que los sistemas rígidos y homogéneos son frágiles y por
eso favorece la biodiversidad, la flexibilidad, la adaptación y la cooperación
entre elementos distintos. Esta visión se parece muchísimo a la comprensión
energética de la Medicina China. Podría decirse, de forma simbólica, que un
ecosistema sano posee un “Qi” fluido.
Uno de los grandes temas del elemento Madera es precisamente
la flexibilidad. La imagen clásica es la del bambú: capaz de doblarse con el
viento sin romperse. Cuando el Hígado está equilibrado existe capacidad de
adaptación. Cuando está bloqueado aparece rigidez, tanto física como emocional.
Y creo que nuestra cultura actual favorece justamente lo contrario de lo que
necesita la primavera: exceso de tensión, hiperplanificación, desconexión
corporal, sedentarismo y sobreestimulación mental. Por eso en el taller Abrazar
la primavera insisto tanto en mover el cuerpo, ser flexible, caminar,
respirar profundamente, estirar costados y tendones, pasar tiempo en espacios
verdes y permitir pequeños cambios en la vida cotidiana. La permacultura
propone exactamente lo mismo a escala ecológica: crear sistemas vivos capaces
de adaptarse sin perder equilibrio.
Hay algo muy bonito que me llegó observando los huertos de
Arrendajo: naturaleza no desperdicia nada. Incluso las llamadas “malas hierbas”
suelen tener una función regeneradora. Muchas plantas medicinales de primavera,
como el diente de león, la ortiga o el llantén, aparecen precisamente en
terrenos alterados para ayudar a remineralizar y recuperar el suelo. Esto me
parece profundamente simbólico porque también nosotros, después del invierno,
necesitamos depurarnos y regenerarnos. Por eso en primavera la Medicina
Tradicional China recomienda alimentos verdes, brotes tiernos, sabores
ligeramente ácidos, plantas depurativas y más movimiento corporal. Las redes proponen detoxificationes con productos ya elaborados, hacer dietas agresivas o procesos extremos de limpieza. Yo, siguiendo la filosofía de la MTC y de la permacultura, aconsejo acompañar el movimiento natural de la vida de una forma flexible y adaptada a nuestra realidad.
A veces pienso que la verdadera permacultura no empieza en
el huerto, sino en el cuerpo. ¿Cómo gestiono mi energía? ¿Cómo descanso? ¿Qué
pensamientos cultivo cada día? En permacultura existe una idea muy importante:
todo sistema produce aquello para lo que está diseñado. Creo que eso también
ocurre con nuestra vida. Si vivimos diseñados para la prisa, produciremos
agotamiento. Si vivimos desconectados del cuerpo, aparecerá tensión. Si vivimos
separados de la naturaleza, aparecerá vacío. Por eso la primavera me parece una
invitación a rediseñarnos y a crear una vida más orgánica, más respirable y
coherente con nuestros ritmos biológicos.
Como en la naturaleza en la primavera creo que es bueno
permitir que algo vuelva a crecer dentro de nosotros. La primavera nos recuerda
que la vida necesita movimiento, que todo lo rígido termina quebrándose y que
crecer requiere flexibilidad. Nos recuerda también que la regeneración es
posible y que la salud no consiste en controlar la naturaleza, sino en volver a
formar parte de ella. Quizá por eso siento que la permacultura y la Medicina
Tradicional China dialogan tan bien entre sí: ambas nos recuerdan que no
estamos separados de la Tierra, sino que somos una expresión más de sus ciclos.
Rafa Martín Aguilera




